Cómo Hacer Más Natural El Acto Sexual

April 16, 2009 | 3779 by: Tratamiento y Cura http://www.wikio.es

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Escrito por Félix E. F. Larocca

Cuando, a veces, escuchamos a nuestros pacientes, oímos que hablan el lenguaje callejero del amor y de las relaciones entre los sexos. Hoy no existe nada que sea tabú ni conocimiento que sea sagrado especialmente para una juventud hedonista. Todo se discute y se comenta sin que sea sujeto al escrutinio del “censor moral” en la mente de casi nadie. Tenemos el deber de educar a nuestros oyentes, especialmente a las hembras, siempre las más vulnerables por razones obvias.
Hablemos del llamado “juego sexual”  Juego éste, que, como pasatiempo, puede ser arriesgado

¿De qué hablamos exactamente cuando nos referimos al “juego sexual?” Al igual que en cualquier acto voluntario que busca la diversión, cada paso del juego sexual es un juego en sí, desde que se inicia hasta que se termina.

Cada etapa tiene su propósito, y se vive y disfruta sin que ninguna parte sea considerada más o menos o importante. Así es como entendemos el juego sexual.

En la vernácula local, un “relajito”, un piropo, una observación picante o sugestiva, un beso furtivo, un abrazo apretadito, una reflexión íntima, unas caricias que supuestamente no lo son, una invitación taimada… y tantas maneras de encontrar el placer son en sí “juegos sexuales”.

Como en todo, los expertos lo categorizan todo…

De manera errónea las prácticas sexuales se han dividido en completas y preliminares. La importancia de las primeras frente a la desvalorización de las segundas no hace sino que perdamos el goce del juego en pro de una meta que puede o no llegar, y que puede o no ser deseada. Lo llamamos juego sexual porque implica cierta relación o vínculo. El adulto decide ceder terreno a la parte más sincera y menos condicionada por su madurez, esto es a su parte más infantil. Se trata de despojarse de prejuicios, estar ajeno a tabúes y mitos limitantes y prohibitivos. Para entonces llegar a este juego por el placer de jugar  dando rienda suelta a la curiosidad, la exploración, la fantasía y la pasión. Se trata aquí de aprender de uno mismo, de conocerse más y desarrollar las potencialidades de un encuentro interpersonal e íntimo donde se hacen presentes la cooperación y el gozo. Se abandona la condición de persona cultivada y la máscara obligada que exige aparentar, controlar y, en definitiva, a conocer dejando en que en su lugar despliegue la personalidad más pueril.

El poder y la prepotencia aquí no nos sirven, ya que el placer implica libertad, concedérsela a uno mismo y procurársela al otro. Provocar risa y alejar la seriedad. Se trata de jugar, sabiendo que la satisfacción del juego no dependerá del amor ni de la habilidad, sino de permitirse uno un código que se aleje del autocontrol. Eso entraña cierta madurez.

¿Qué nos impide disfrutar del juego sexual?

Ser un buen jugador dependerá de nuestra actitud ante la vida. Deriva del código de comunicación con el que nos desenvolvemos en las relaciones y ante las situaciones. Una actitud positiva al placer y una comunicación abierta, serena y de encuentro, nos alejará de la competitividad y hará ridículas las comparaciones. La seguridad y la autoestima son los resortes seguros que abren la puerta del deseo. Admitir el deseo y querer aprender a gozar es una opción consciente y educable a cualquier edad, sólo se necesita libertad y madurez para poder desarrollarla. La satisfacción sexual no viene, entonces, de la mano de un manual de posturas, roces o caricias más o menos habilidosas, como pretenden enseñarnos las revistas que encontramos en los salones de belleza. Todo esto que ocurre, es materia de módulos instintivos que viene después y que no tendría ningún efecto si no tenemos bien claro que nuestra capacidad de placer, o en otras palabras, nuestra sexualidad, es un ideal que empieza por aceptarnos, respetarnos y amarnos a nosotros mismos, y que sigue por querer aprender a gozar y a hacer gozar al que sea nuestra pareja. Sin prisas, sin retos y a nuestro ritmo natural.

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Relajando…

Factores que inhiben o bloquean el deseo

Masters y Johnson en Saint Louis nos comunicaron los siguientes conocimientos prácticos para el entendimiento de las inhibiciones al acto sexual:

Primero son, los sentimientos de culpa.

Éstos se generan cuando se quiere experimentar con el placer pero surgen contradicciones con los valores interiorizados y por los mismos que vivimos. El placer, en estos casos, está asociado al egoísmo, a la falta de principios éticos y a la frivolidad. El código moral, que a muchos gobierna, a veces aparece contrapuesto al deber y a la rectitud con la que se supone que ellos deben de funcionar en la vida. Este deber exige a las mujeres la necesidad de no mezclar el amor con el placer, mantenerse en un papel pasivo y ser el “objeto de deseo”, y a los hombres un papel activo, deseante y responsable de que la mujer goce en la relación. En él se asientan también los pudores y vergüenzas que coartan y frenan necesidades y deseos en el encuentro sexual.

Estas actitudes son una receta infalible para el fallo de toda relación íntima entre seres que debieran poder ser amantes.

Después viene, la baja autoestima.

Cuando hay un escaso conocimiento personal, tanto corporal como de los valores por los que algunos se mueven; cuando poco se entiende de cómo vibran las diferentes partes del cuerpo y cómo éste quiere en cada momento sentir, se conduce hacia la baja autoestima, por confusión residual. El escaso autoconocimiento afectará el propio auto concepto, y éste incidirá directamente sobre la confianza y seguridad propias, quebrándoles de tal manera que hace que uno se torne dependiente de quien diga que nos quiere. Se pasa entonces a primar y priorizar las necesidades y los deseos de ese otro, aún a costa de no atender a los propios. Una relación basada en la dependencia está lejos de un principio tan básico como es compartir las experiencias, y es desde éste desde donde se fundamenta el placer. Muchas jóvenes inocentes caen víctimas de lo último descrito. Por ello, hay que tenerlo en mente.

Siguen, los diferentes tabúes y prejuicios

El placer no es sucio ni pecaminoso. No hay nada prohibido entre personas que responsable y maduramente quieran compartirlo. Si saben cuándo lo hacen, lo que hacen, lo que quieren y, por qué lo quieren.

Ahora encontraremos, los miedos interiorizados

Al buscar el placer aparecen como fantasmas los resultados negativos, la posibilidad del embarazo o las enfermedades de transmisión sexual. A éstos se unen también el miedo a no dar la talla o a fallar y, por tanto, a exponerse al rechazo.

O puede ser, la falta de tiempo.

Amar, mimar, compartir, no es posible si no disponemos y dedicamos tiempo a ello y lo hacemos como una más de las prioridades que nos marcamos en la vida. Porque cuando llega el tiempo hay que hacerlo.

Entonces son, los enfados y conflictos.

En esos momentos nos cerramos al contacto físico, en ocasiones como castigo a la otra persona. Esto es consecuencia de que manejamos mal los enfados. Los conflictos se resuelven con una comunicación verbal abierta, positiva y empática. Una caricia, un gesto físico de acercamiento ayudan y propician en la fluidez de esa comunicación.

Siempre recordemos el estrés

Hay que ser conscientes de que éste es uno de los grandes enemigos del placer y de todo equilibrio emocional, que nos hace desembocar en la inapetencia y la apatía sexual.

Para muchos son los medicamentos

Determinados ansiolíticos, antidepresivos o fármacos para tratamientos de hipertensión arterial o la depresión pueden incidir en la falta de deseo, o en la falta de respuesta. Reconocer este factor es crucial para el bienestar de parejas.

Finalmente, la falta de comunicación.

Cuando hablamos de comunicación no hablamos de trasmitir mucha o poca información, sino de decirnos, de comunicar lo que queremos, lo que nos gusta, lo que nos molesta o duele, lo que nos hace, o no nos hace felices. Decirnos es compartir intimidad, participarnos nuestra vulnerabilidad. Sentir, que va mucho más lejos que el encuentro físico entre parejas. Por ello hablamos de madurez. No podemos amar a todas las personas que encontramos atractivas.

Tres conceptos importantes que debemos recordar

Necesidad de conocimiento corporal

  • Qué y cómo quiere nuestro cuerpo.
  • Qué y cómo siente.
  • Ponerle lenguaje a sus distintas partes y hablar de ellas, en la soledad de nuestros pensamientos, al igual que lo hacemos de otras.
Revisión de nuestra actitud hacia el placer

  • No es sucio.
  • No hay nada prohibido entre dos personas maduras y conscientes que responsablemente quieren compartirse, sin hacerse y sin hacer daño a otros.
  • Lo deseamos, como todos lo desean, pero respetaremos el código en el queremos movernos para vivir  lo ético/moral es de importancia crucial para todo lo que hagamos de índole personal.

Revisión de nuestro concepto del placer

  • El gusto requiere madurez. Un niño estimulado sexualmente no tiene la capacidad para manejar sus sensaciones eróticas  lo que lo confunde y lo frustra.
  • Descubrir los límites del placer propio y el que otorgamos, pero nunca, libremente a quienes lo piden de nosotros.
  • Disfrutar de cada situación y momento, sin sacrificarnos a la voluntad y a las salacidades de nadie más.
  • La comunicación positiva y abierta como monitor al placer tenemos que establecer límites: ¡Siempre!
  • Apasionarnos con nuestra vida y defender nuestro cuerpo y nuestra moralidad a la vez.

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En resumen

El “juego sexual” no es juego. Es como el comer por gusto, que como pasatiempo, tampoco es jugar; a menos que lo que se juegue sea con la salud.  El juego sexual, solamente existe en la mentalidad hedonista de quienes viven sin propósito sus vidas de relaciones físicas, sin sentido moral o espiritual.

En la vida, realmente, no hay juegos mucho menos, juegos sexuales. Toda cultura humana consideró el sexo una iniciación importante con repercusiones sociales y psicológicas. No algo que se descargaba al azar y sin pensarlo.

Para quienes nos exhortan diciéndonos: “Hazlo, porque es bueno”  debemos preguntar: “Bueno, sí… pero bueno: ¿para quién?¿para ti o para mí?”

SEXUALIDAD Y NUESTRAS HORMONAS

Desde antiguo es conocida la frase: “El mundo entra por los ojos” aunque la neurociencia nos enseña que entra asimismo por la nariz y por los otros sentidos.

Ahora bien, siendo la vista el sentido más importante para nuestra especie, tiene un aliado poderoso, la imaginación. En ella residen representaciones que en determinados momentos son puestas en marcha y hacen viajar nuestras mentes por mares insospechados.

Una mujer semi-vestida es mucho más intrigante que una desnuda. Y lo es, porque al tener cubierto parte de la totalidad de su cuerpo, necesita que el hombre imagine, descubra, e invente lo que no ve. Hay en esa operación un ejercicio mental muy peculiar.

Los sentidos

Todos los sentidos están involucrados en las transacciones de las relaciones humanas. En cuanto al tacto, coger la mano de la persona cortejada al principio de una relación es una de las emociones más tiernas que existen. En ese contacto se engendra una corriente afectiva y corporal intensa. Que naturalmente se asocia a la mirada, al lenguaje, al silencio y a todo ese conjunto de elementos que constituyen la comunicación entre dos personas atraídas entre ellas. Es importante que se comprenda que durante la adolescencia, de modo instintivo, las feromonas hacen que todo contacto físico y sensorial entre individuos jóvenes puede ser estimulante en el sentido del sexo.

Las caricias, los mimos, las miradas furtivas, los contactos “inocentes”, las palabras sugestivas, el lenguaje “secreto”, todos van creando el clima necesario para que la comunicación sexual alcance su desarrollo evolutivo normal. Este facto no debe de ser ignorado, ya que puede volverse incontenible.

En el acto sexual no sólo están presentes los sentidos exteriores o interiores, sino lo que uno es y lo que uno entiende por existencia personal/ética. Por ello es que las posturas provocativas, el mirar juntos películas eróticas y el vestido que exhibe más de la cuenta, son delicados.

El baile y la música

Toda época ha tenido sus costumbres características para desinhibirse moralmente en esas pantomimas lubricantes del acto sexual que conocemos como el baile y la música. A medida que los obstáculos en el comportamiento sexual han disminuido con el transcurso de los años, por medio del uso de danzas eróticas, todo ha cambiado. El reggaetón, típica de nuestros días, con sus posturas incitadoras, para muchas madres significa actividad inmoral.

Las danzas sexuales no son exclusivas de nuestra especie, sino que asimismo son típicas de muchas otras que se amplifican desde los insectos, hasta las aves, los peces y anfibios. Las contorsiones del cuerpo son sugestivas del acto sexual mismo, la exhibición de plumajes y de colores llamativos, la emisión de sonidos, los cantos, los poemas  y donde se asocian la presencia de otras parejas haciendo lo mismo, es donde precisamente el acto ensayado se puede desencadenar. Pero, no olvidemos que este acto posee un fin predeterminado genéticamente.
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El preámbulo de todo lo sexual

El acto sexual se inicia en la mirada apreciativa de quienes se quieren conocer mejor. Esto es como una atención delicada y sutil a través de la cual dos personas se miran, se observan, se detienen la una en la otra. Se examinan. Decía Bill Masters (de Masters & Johnson): “se desnudan mutuamente con los ojos”. La ternura, la palabra con doble sentido, el toque delicado, la palmadita acompañada de la risa nerviosa, la expresión de afectividad fina y delicada, el rubor, es donde los modales muestran la mejor versión sentimental que uno lleva dentro.

Esa promete ser la antesala desde donde parte el encuentro de la pareja que culminará en una relación final entre ellos.

No podemos ignorar que el cortejo para la mayoría de las especies que entran en estro de modo periódico es un acto estereotípico idéntico que viene programado en los genes. En la nuestra es diferente porque, aunque sea genético y programado, posee matices culturales y éticos con profundas consecuencias en el ámbito de las emociones.

El cortejo primordial humano

El cortejo entre humanos comienza cuando dos personas conectan entre ellas de modo subliminal. Ninguna puede explicar, precisamente, por qué la otra le parece atractiva  o cómo es que la otra le atrae sólo sabe que le atrae.

La atracción sigue con demostraciones de interés que abarca lo físico y lo verbal: Los ojos que persiguen, la sonrisa tímida, el rubor intenso, la pregunta por el número de un celular o dónde la otra persona vive o va al colegio.

Luego siguen los encuentros fortuitos y casuales, seguidos por encuentros donde ambos han sido invitados, hasta que deciden verse a solas.

Pero antes de que se llegue al campo de la ternura se intercambian informaciones acerca de cosas de intimidad relativa, la música o los bailes preferidos, qué les gusta comer, qué leen y cosas por el estilo.

Luego vienen los regalos y las invitaciones

Los regalos son planeados a ser artículos de índole íntima/sensorial. Perfumes, música, vestimentas o comida. Las invitaciones al cine, al disco o lugares donde parejas se reúnen no son cosas que se producen por coincidencia. Todo tiene un motivo. Todo está programado.

La ternura

El principal elemento de la ternura son las caricias. Que no son otra cosa que mimos aprendidos de la madre, gestos ligeros y contactos comedidos que se mueven en torno a los roces, al beso, primero lento y parsimonioso y después apasionado y vibrante.

Las caricias y los besos se funden con las palabras. Se inicia otro lenguaje, cobrando especial relieve la superficie externa de la piel, pues su estímulo amoroso es muy importante. La piel en toda su extensión, y las mucosas, van a tener una dimensión clave. A través del tacto se produce una progresiva excitación, que en ocasiones puede ser muy rápida.

Las zonas y las formas en que se van produciendo son tan ricas y variadas que es imposible hacer un inventario de las mismas. El hombre psíquicamente sano expresa su amor dentro de ese marco múltiple. Que se originan de las relaciones básicas con una mamá amorosa.

La experiencia del descubrimiento

En la geografía sexual del cuerpo humano existen muchas zonas erógenas que pueden despertar la respuesta sexual al recibir un estímulo directo mediante caricias, besos, roces y toques.

Las zonas erógenas varían de una persona a otra, por lo que no se puede hacer de las mismas un juego inconsecuente entre seres humanos. Muchos hombres sucumben a la pornografía, algo que es poco común entre mujeres. Las diferencias son importantes.

Las respuestas a la estimulación erótico-táctil son distintas, asimismo, en el hombre y en la mujer. Las mujeres necesitan más caricias en el cuerpo para llegar a la excitación sexual y normalmente son más sensibles a las sensaciones dérmicas que los hombres. Los hombres son más visuales en sus métodos.

Lo más importante que debemos aprender es que la mujer necesita sentirse apreciada, deseada, preferida y querida más que el hombre. El hombre necesita sentirse poderoso, dominador e importante.

En resumen

Por pertenecer a uno de los instintos básicos con que la Naturaleza nos propiciara, el desarrollo de las relaciones amorosas entre los seres humanos están programadas a nivel del hipotálamo.

Lo que no está programado son las variaciones individuales e infinitas en las respuestas emocionales y físicas a las mismas.

Es la parte que las neurociencias explicarían coordinando las actividades de nuestros tres teatros del cerebro.

Apéndice

En conclusión, y para hacer de este artículo una expresión más didáctica de los lenguajes simbólicos que utilizamos, las fotos que siguen y sus capciones nos son de asistencia.

Danza sexual del pájaro bobo de patas azules, de las Islas Galápagos.

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Danza sexual de los habitantes de Dani en África.

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Nido del pájaro del paraíso en Bali.

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Posición provocativa/inocentona

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Posición sugestiva

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Coqueteo perspicuo

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Coqueteo “inocente”

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Coqueteo pudibundo

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Tango argentino en el Tablado de Buenos Aires

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Cantadora moderna de rock

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Coqueteo pedestre

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Coqueteo grosero

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Es todo, por ahora…

BIBLIOGRAFÍA

  • Maxwell, K: (1994) The Sexual Imperative Plenum.
  • Segal, L: (1994) Straight Sex U of CA.
  • Diamond, J: (1997) Why is Sex Fun? Basic Books.
  • Ellison Rodgers, J: (2002) A Natural History of Sex Owl Books.
  • Damasio, A: (1994) Descartes’ Error: Emotion, Reason and the Human Brain Grossett/Putnam.

AUTOR

Félix E. F. Larocca


Comentarios y Consultas

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