En zonas del Guayas, Los Ríos y El Oro la enfermedad es endémica. En el resto del país está eliminada.
Antecedentes
En 1991 la Asamblea Mundial de la Salud adoptó una resolución para eliminar el mal de Hansen como problema de salud pública en el año 2000.
Por eliminar la lepra como problema de salud pública se entiende conseguir una prevalencia de menos de un caso por 10 000 personas.
Hace 14 años, la religiosa estadounidense Ana Credidio creó la fundación Padre Damián para atender a los enfermos de mal de Hansen.
Mañana se celebra el Día Internacional de la Lucha contra el Mal de Hansen (lepra) y el país llega a este día con metas cumplidas y algunas otras por alcanzar.
En 1991, la Organización Mundial de la Salud (OMS) informó que Ecuador había eliminado esta enfermedad al tener menos de un paciente por cada 10.000 habitantes.
Este dato lo corrobora el Ministerio de Salud Pública (MSP) y Virginia Miranda, presidenta de la Asociación Ecuatoriana de Dermatología. Ella afirma que desde los 90 cada vez hay menos casos de esta enfermedad.
Lo mismo dice Nelson Vásconez, responsable del programa de control de lepra del MSP. “En 1984 el país empieza la campaña de eliminación por medio de la poliquimioterapia (un tratamiento especial), empezamos con 2.340 enfermos, en 2007 registramos solo 114 pacientes”, sostiene el funcionario.
La OMS, en un informe sobre la situación de la enfermedad en el continente americano, publicado ese mismo año, indica que en Ecuador existe la decisión política de terminar con el Hansen e informa que la mayoría de sus enfermos recibe atención médica.
Sin embargo, el mismo documento alerta sobre otros datos. El mal de Hansen, que se considera una enfermedad típica de zonas tropicales y se asocia con la pobreza, tiene una presencia fuerte en la Costa, especialmente en Guayas, Los Ríos y El Oro. De hecho el 80% de los casos detectados se encuentra en estas provincias.
Para la doctora Miranda, esto se debe a diferentes causas. “Estas zonas siempre han tenido más cantidad de lepra en relación al resto del país, tuvieron los primeros casos. El clima tropical presta las condiciones favorables para que el bacilo se multiplique”, explica la dermatóloga.
Lo cierto es que hay zonas del Guayas en donde la enfermedad se considera endémica, como los cantones Daule, Milagro y Salitre.
Leonor, quien prefiere ocultar su apellido, es un ejemplo de ello. Es de Milagro y a los 52 años contrajo el mal. Hoy tiene 68, pero la enfermedad le dejó paralizada una pierna.
“Yo vivía en una zona muy apartada; además, soy diabética, entonces necesito curaciones periódicas”, cuenta.
Fanny Verduga, coordinadora del programa contra el mal de Hansen en Guayas, explica que la situación se complica en las zonas rurales especialmente por la carencia de servicios básicos.
El período de incubación de la enfermedad, en ocasiones, afirma Verduga, es de varios meses
“En verano hay que caminar largas distancias para encontrar agua, entonces la gente no se baña muy frecuentemente. En cambio, en invierno las personas viven en medio de las aguas estancadas, la falta de higiene multiplica el bacilo que transmite la enfermedad”, sostiene.
Además, el período de incubación del mal, en ocasiones, afirma Verduga, es de meses. “No hay síntomas, cuando se presentan los primeros malestares no se acude donde el médico y se produce el contagio a otros familiares”, señala.
Actualmente la unidad de dermatología del Guayas atiende a 131 pacientes de Hansen. Solo cuatro están hospitalizados porque el MSP, ahora, evita que los enfermos se internen. Se prefiere que los pacientes sigan el tratamiento en casa.
Verduga dice que cuando se detecta un caso, se realizan exámenes a las personas que conviven con el paciente. Además, realizan viajes a zonas apartadas donde se ha presentado el bacilo.
La funcionaria no habla de carencia de recursos, pero lo cierto es que la unidad que dirige cuenta solamente con un vehículo para desplazarse por toda la provincia. Y estos viajes recién empiezan en abril, luego de las lluvias. Se espera renovar el carro en los próximos días a través del aporte de una organización no gubernamental internacional.
Además, en Ecuador, el tratamiento es gratuito. Esto porque la Organización Panamericana de la Salud (OPS) dona los medicamentos.
Vásconez reconoce esta realidad y afirma que durante años se ha combatido a la enfermedad de “manera vertical, ahora lo haremos de manera horizontal”.
Para ello, el MSP ha capacitado a las 30 áreas de salud del Guayas. Lo mismo se ha hecho en Los Ríos, El Oro y Loja.
Con esto se busca que los médicos del Ministerio desplegados en las áreas rurales de estas provincias sean aptos para detectar el mal y, asimismo entregar los remedios.
Verduga corrobora esto. “Hacemos eso, pero hay poca colaboración de los jefes de área”. Ella se queja de que la población y los médicos creen que esta es una enfermedad que ya no existe y no le prestan la atención necesaria.
Por su parte, Miranda opina que los esfuerzos del MSP deben ir encaminados a la información. “En el campo la gente debe saber que si se presenta una mancha clara en la piel y que carece de sensibilidad, probablemente padezca de lepra”, indica.
Y agrega que el tratamientos es largo, de un año por lo menos, entonces “el paciente debe ser perseverante, porque aliviarse no es sinónimo de curarse”.
Pero para Ana Credidio esto no basta. Ella dirige la fundación Padre Damián, una institución que durante 14 años atiende de manera gratuita a los enfermos de Hansen.
Explica que no solo se trata de dar asistencia gratuita, “cuando se acabe la pobreza, terminará el Hansen. Igual que cuando se lleve agua potable y alcantarillado”.
La fundación ha montado un hospital, el único en Guayaquil, para pacientes de Hansen. Quienes están internados allí, la gran mayoría ha superado la enfermedad, pero se enfrentan a sus secuelas como la discapacidad o la ceguera.
“Nosotros les damos a sus hijos becas, ayudamos a las familias”, dice Credidio, y advierte que por cada caso diagnosticado, hay otros 3 ó 5 que no lo son.






