Embarazos no deseados, infecciones de transmisión sexual y situaciones de abuso son sólo algunas de las consecuencias a las que están expuestos hoy los adolescentes que no tienen acceso a la educación sobre sexualidad y procreación prevista por ley, según destacan especialistas en salud.
“Las necesidades de los adolescentes en torno a la salud sexual y reproductiva difieren de las de los adultos y en muchas partes del mundo estas necesidades todavía son abordadas de manera inadecuada, con un pobre entendimiento”, afirman expertos del departamento de Salud Reproductiva e Investigación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en un documento que fue publicado en 2006 bajo el título “Estrategia de Salud Reproductiva”.
Al referirse a los problemas de salud sexual y reproductiva que afectan actualmente a los adolescentes, el informe señala: “La actividad sexual durante la adolescencia (dentro o fuera del matrimonio) pone a los adolescentes en riesgo de problemas de salud sexuales y reproductivos. Esto incluye embarazos tempranos (intencionales o no); abortos inseguros; infecciones de transmisión sexual (ITS), incluido el VIH; y la coerción y violencia sexual”.
Según se indica en el trabajo, en los países en desarrollo, una mujer cada cinco da a luz antes de los 18 años y -en ciertos lugares- esta proporción aumenta a una cada dos. En tanto, “los problemas relacionados con el embarazo constituyen una causa principal de muerte para las adolescentes de entre 15 y 19 años de edad, siendo las complicaciones por abortos inseguros y en el alumbramiento los principales factores que contribuyen a tal situación”.
Respecto al riesgo de sufrir enfermedades de transmisión sexual -que suele estar vinculado con la falta de educación en la materia-, el documento precisa: “Varones y mujeres menores de 25 años contraen un tercio (más de 100 millones) de los casos de ITS curables y 10. millones de ellos viven actualmente con VIH/Sida. Cerca de la mitad de los 4.900.000 nuevos casos de infectados con VIH ocurre entre los jóvenes de 15 a 24 años, con una tasa de incidencia mayor en mujeres que en varones”.
Asimismo, el informe hace referencia a otra de las consecuencias de la inadecuada o nula educación sobre sexualidad, que se evidencia actualmente: la coerción o abuso sexual, “un fenómeno ampliamente difundido, ya que en algunos países entre un 20 y un 48% de las mujeres jóvenes de entre 10 y 25 años han sido forzadas a tener relaciones sexuales”.
Estos problemas responden -según argumentan los especialistas de la OMS- a una multitud de factores complejos: “Muchos adolescentes sexualmente activos no cuentan con los conocimientos necesarios para evitar las ITS y los embarazos no deseados.
Casi universalmente, no tienen acceso a los productos de cuidado de la salud (como preservativos y otros anticonceptivos), que necesitan para protegerse, o a los servicios de atención de la salud que requieren al enfermarse. Incluso si tienen acceso a preservativos, las niñas y mujeres jóvenes no logran frecuentemente “negociar” su uso con sus parejas”.
Por otra parte, si bien el número de niñas y mujeres jóvenes (y algunos varones) que son sometidas a la violencia -incluyendo la violencia sexual- es alarmante, muchas víctimas deben cargar este peso en silencio. “Incluso cuando se descubre su padecimiento, las familias se muestran con frecuencia reticentes a actuar por el temor de generarles vergüenza o estigmatizarlas”, expresa el estudio.
ESCENARIO LOCAL
Pese a que en los últimos años se han promulgado leyes y creado programas (ver recuadro) destinados al abordaje de cuestiones inherentes a la salud sexual y reproductiva, en la Argentina el diagnóstico de situación no difiere demasiado del descripto por la OMS.
“Las adolescentes quedan embarazadas porque no usan los métodos anticonceptivos de manera consistente; tienen relaciones sexuales bajo el efecto del alcohol; una menor proporción de chicas de muy bajos recursos tienen un hijo como proyecto de vida; y, por otro lado, hay un pensamiento mágico de las adolescentes que piensan que nunca se van a quedar embarazadas”, resumió la doctora Ana Ferrarotti, coordinadora del Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable, al ser consultada por La Prensa sobre las principales problemáticas que enfrentan los jóvenes argentinos en materia de sexualidad.
“Los varones tampoco se cuidan de las enfermedades de transmisión sexual con el preservativo, porque no lo usan correctamente”, añadió.
Los adolescentes inician a edades cada vez más tempranas su vida sexual a pesar de que en la mayoría de los casos desconocen varios de los aspectos que encierra tal decisión. En ese sentido, la doctora Karina Iza, médica ginecóloga del Centro Latinoamericano Salud y Mujer (Celsam), subrayó: “Este es un trabajo que nos compete a los adultos, es una responsabilidad que involucra desde la familia hasta la escuela, la sociedad toda y los medios de comunicación”.
Para Iza, los jóvenes se encuentran expuestos a una realidad que dista de la ideal: mucho contenido erótico y poca o ninguna educación sexual. “Hoy los pibes reciben una carga erótica de los medios -tele, internet, revistas-, donde se exhibe el cuerpo desnudo a cualquier hora y en programas que antes miraba la familia, en los que lo que se toma como valor es el cuerpo, la sexualidad”, remarcó la representante del Celsam, para luego agregar: “Esto es lo que hoy están recibiendo los pibes, contra todo un trabajo extra que no están teniendo”.
BUENOS EJEMPLOS
Y es que la Ley 26.150 de Educación Sexual Integral, promulgada en 2006 con el objetivo de que los estudiantes reciban en la escuela este tipo de enseñanza, aún no se ha materializado en las aulas. El fuerte rechazo a la iniciativa, que muestran distintos sectores de la sociedad, es una de las razones.
Al respecto, Iza aclaró que “cuando se habla de educación sexual integral, desde los niveles iniciales, no es porque vamos a ir a primer grado o al jardín a explicar los métodos anticonceptivos, sino que es para que cada año los chicos vayan recibiendo los contenidos que corresponden: los cambios del cuerpo, el aparato genital (cómo funciona, cómo cuidarlo y cómo lavarlo), que el cuerpo es mío y nadie lo puede tocar… empezar a valorar su propio cuerpo, para que cuando decidan tener relaciones sexuales lo puedan hacer desde un lugar de elección, a conciencia, sabiendo cómo cuidarse y de qué cuidarse, que es lo que no pasa hoy”.
Hay quienes sostienen que obtener información y adquirir conocimientos sobre sexualidad y procreación conducirá a los jóvenes a iniciar antes las relaciones íntimas. Sin embargo, la doctora Ferrarotti destacó que “en todos los países del mundo donde se ha implementado un buen programa de educación sexual, los adolescentes han postergado la edad de inicio de las relaciones sexuales”.
“En Holanda, Francia y España han tenido programas muy buenos; el más renombrado es el de Holanda y los adolescentes han comenzado a tener una sexualidad mucho más responsable, porque ellos saben de qué se trata y cuál es su responsabilidad”, prosiguió la titular del Programa de Salud Sexual y Procreación Responsable, quien luego contrastó: “Aquí hoy en día actúan desde el desconocimiento, desde la curiosidad, porque todos lo hacen, y la televisión muestra una carga de sexualidad muy grande, donde parece que todo es lo mismo”.
En concordancia, la doctora Iza hizo hincapié en que “el primer educador sexual indiscutido debe ser la familia, que también será la que va a marcar pautas más religiosas o más liberales, pero desde los contenidos básicos que tienen que tener todos los jóvenes”.
Por último, la ginecóloga del Celsam dijo que la Ley de Educación Sexual debería empezar a funcionar en las escuelas lo antes posible para garantizar el acceso a información certera y seria sobre los distintos temas que atañen a la sexualidad. “Los adolescentes hoy tienen una necesidad de información y de conocimiento enorme, por un lado, porque no tienen esa información y, por el otro, porque estamos en plena era de las comunicaciones; pero cuando no tienen un interlocutor que les resuelva la duda, van a buscar la información en otro lado, como por ejemplo internet, donde hasta a los adultos nos cuesta encontrar información valedera y cierta, o a los propios padres que muchas veces están desinformados como ellos”, concluyó.
Por Agustina Sucri






